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Lingüística y pensamientos emancipados

Nés sous la même étoile

Nací a finales de agosto, el año en cual Tonton fue elegido presidente de la Galia occidental. Me gusta mencionar que hago parte de los “Hijus de Tonton”, aquellus ciutadanus que nacieron bajo su primero mandato, es muy relevante por la época. Mi madre me dio la luz después de saborear una cerveza, elemento que según ella activo el parto, en la clínica de la Esperanza en una importante ciudad de la costa oeste. Nacido como biomujer bajo el signo virgo, ascendente virgo, lo cual marcó rápidamente mis necesidades en tener una vida bien estructurada y analítica sobre el Mundo, no ha resultado siempre de una grande ayuda. Fui primer hiju de mis padres, pero la percepción de la paternidad quedó ambigua por cada un. Con los años me enteré que por mi padre no era su hiju biologicu, de hecho no me declaró como tal cuanto se presentó al registro civil por establecer mi acto de nacimiento. Al revés no queda dudas que soy hiju de mi madre. Las facciones idénticas eran demasiadas relevantes a mi grande desconcierto. Con el tiempo llegué a la conclusión que mi madre que me tubo con 23 años, lo hizo a la espaldas de mi padre como le gusta decir él. Creo profundamente que ella era una más de estas jóvenes de todas épocas que creen que por tener un hiju van a poder guardar sus parejas bien al lado. Sin embargo no fue así. Hace falta contar un poco más sobre mi árbol genealógico por dar cuenta de la importancia que juegan en la vida de cada un los llamados fantasmas de familia. Estos acontecimientos vividos generaciones anteriores que resultan siempre presente en la vida de los recién nacidus y que condicione de cierta manera sus crecimientos individuales. Mi madre que tiene las mismas iniciales que yo y que citaré de ahora en adelante como BH proviene de una familia modesta de orígenes bretonas. De mi abuelo maternal no llegué a saber mucho, rápidamente se presentó como un tabú. De lo que dejó a una viuda y 7 hijus en medio de los sesentas por culpa de un accidente de motocicleta. Este evento fue por desgracia la salvación de mi madre y de sus dos hermanos co-edados que escaparon a la violencia de los castigos paternales tan habitual en estas época. Por los cuatros hijus mayores, de lo cual solo uno llegué a conocer y que fue muy afectado al largo de su vida por los traumas de su infancia, resulta que por los otrus la solución por acabar con esta dura situación fue de casarse en fin de emanciparse. De lo que pude entender se creó una forma de celos latente entre los hermanus mayores y los hermanus menores, conduciendo a la perdida total de contactos entre las dos partes de la hermandad. Aunque mi madre escapó a la violencia de su padre, crecer en una familia disfuncionale, como les gustan calificar los psy a este tipo de situación, no le ahorro desenrollar ella misma una forma de inseguridad emocional, llegando a aceptar situación inaceptable en relación de pareja primero con mi padre y luego con mi padrastro. Respecto a los primeros años de vida de mi padre, tardé años en tener algunos datos, más bien no supe nada de él hasta mi adolescencia por escasos contactos con mi familia paternal y por el tabú que habíamos desenrollando mi madre y yo respecto a él. Muy temprano, cuando se fue mi padre del domicilio familiar, le culpé inconscientemente a mi madre de este abandono, liberando así el dicho complejo de Electra. Centrándome sobre la etapa de crecimiento individuales de aquel que seguiré llamando en esta narrativa mi progenitor, realmente no lo veo de otro forma, proviene de una familia de diez hijus criados solo por una mujer del país de Guérande casada y luego divorciada de un guadelupano neg’marron que había dejado su isla para vivir en la Metropole. De él muy pocas cosas conozco, ni sé a que se dedicaba. Llegué a conocerle por casualidad a los 15 años, acompañando mi progenitor a visitarle en su chambre de bonne en la zona de Chantenay-Zola. Me parecía ya bien acabado por la vida y siempre se quedara en mis recuerdos como el viejo Albert de ”El color Purpura” una vez abandonado por su familia. Al año siguiente falleció de un cáncer. En cuanto a mi abuela Sandrine, realmente bautizada Alexandrine pero siempre lo rechazo, octogenaria dinámica que si la escucharemos seguiría conduciendo su chatarra de Renault, sigue viviendo desde décadas en esta monstruosa torre de HLM del Sillon de Bretagne, que tuvo el honor en el 89 a la visita de Tonton. Por ella tengo muchísima admiración, encarna un modelo de mujer indubitablemente emancipada por su época. De sus diez hijus, uno varón falleció de un cáncer hace ya una década, y a pesar que un consecuente núcleo de la hermandad se queda viviendo en el mismo barrio no muy lejos de su madre, cada uno ha ido viviendo su existencia teniendo en cuenta acontecimientos familiar a veces pesados. En este contexto nací hace casi 31 años en un país desenrollado económicamente y culturalmente, en resumen una patria que me ofrecía toda las ventajas para crecer de la forma la más perfecta y equilibrada que sea posible en este Mundo a finales del siglo XX. Y es recuerdandome que años atrás un compi’ de clase me decía medio bromeando que debería escribir una novela en cuanto le contaba sobre mi existencia que me parecía bien lambda en aquellos momentos que decido aferrarme a esta tarea introspectiva.

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Esta entrada fue publicada en 2 junio, 2012 por en CORPUS CHRISTI y etiquetada con , , .
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